viernes, 9 de enero de 2015

Volver a CASA

Siempre me ha gustado ir a sitios. Y de niño no tanto porque siempre me mareaba en los desplazamientos en coche y autobús. Nadie sabe las veces que hice parar a mi padre su Renault 12 Familiar granate para que yo vomitase.

Ir y volver para volver a marcharte sabiendo que siempre puedes volver y por el camino de ir y volver te quedas, pero sabiendo que siempre puedes volver. Y la clave de irse es volver. Saber que puedes volver, porque volver significa que hay algo ahí que te espera. Porque volver, para mi a hora es volver a a casa. Para mi esa es la definición del sentimiento de "casa". 

Casa no es un sitio de paredes, suelos, ventanas y demás cacharrerías. Casa es ahí donde siempre puedes volver y vas a tener un hueco y más que un espacio físico, vas a tener un hueco emocional y un soporte para los sentimientos, Casa es que se lancen tus sobrinos al cuello, casa es reírte con tu madre mientras te miras a los ojos con amor infinito aunque no le vas a decir cuánto la quieres, casa es ese abrazo de los de apretar con un amigo, casa es la risa tonta sobre las mismas bromas de hace 20 años con tu cuadrilla, casa es la jarra de cerveza (obligada) con tus compañeros de equipo tras entrenar, casa es salir por Pamplona a pasear y saludar a doce personas en una hora. Esa es mi CASA.

Lo bueno de eso es que esa casa siempre la voy a tener ahí aunque me vaya y por el camino me quede en otras ubicaciones geográficas. Lo bueno y lo malo de ir y quedarte es que se generan nuevas pequeñas "casas" emocionales. Nada que ver con la "CASA" que conecta directamente con tus raíces y con tu sentimiento de pertenencia y que da sentida a qué, quién y cómo eres. Esa CASA está revestida de tu identidad más primitiva más auténtica es la única razón por lo que dejaría todo, robaría y hasta mataría (no es broma).

Pero las nuevas casas más pequeñitas están ahí recordándote que dejaste pedacitos de ti en ellas y que también quieren sus cuidados y uno, en realidad, también quiere volver a esas casas. Esto me acaba de pasar al volver a Boston estas navidades tras más de dos años y medio tras mi marcha de allá. Boston, como ciudad, siempre será especial para mi pero lo será en tanto en cuanto siga teniendo personas que me interesan allá porque son esas personas las que me hacen ir.

Pero es curioso porque mientras estaba disfrutando en Boston, echaba de menos Colombia y mucho más las navidades en CASA y es que creo que tengo un claro riesgo de disgregación emocional por ubicación y, sobre todo, por desubicacion.

Pero es que, como ya he comentado en otros posts, me he dado cuenta (por fin) que carburo mejor en funcionaniento, en movimiento. Si me paro pierdo el equilibrio pero si me muevo, si voy y vuelvo pero por el camino me quedo soy mejor y soy más feliz aunque tenga sensación de desubicación a veces. Y es que mi área de confort consiste en estar tensionándola y buscar la desubicación porque en cuanto me ubico me paro y pierdo el equilibrio.

Así que no me ha quedado más remedio que seguir moviéndome sabiendo que siempre voy a tener esa CASA a la que voy a volver pero me voy a tener que marchar porque es lo mejor para mi. Y este es mi blog, así que es para mi y me ego.

¿Qué cómo estoy por Colombia? 

Tal que así. Muy bien. Superbien. Cojonudamente. Por eso ya he planteado el quedarme más tiempo del previsto inicialmente y ya no me voy a volver en mayo me volveré para julio. Este año sanfermines en casa, pero no antes. 

Toca renovar visa en marzo por un año, estar hasta junio por acá, volver a CASA y, si todo va bien, vuelta a Colombia por otra temporada. Así están las cosas mientras miro de reojo otras, claro está...

Me han "ofrecido" nuevas responsabilidades y a mi eso me pone y con ganas las tomo. Me va a tocar salir menos a región y hacer más trabajo de gestión pero a mi siempre me gustó mezclar cosas diferentes porque sino me aburro y si yo me aburro es que estoy parado y si me paro... 

Mientras escribo escucho: The London Quireboys. Take me home



jueves, 18 de diciembre de 2014

3 años

Hay cosas que cuesta afrontar, contar, expresar aunque sea por este canal que ya no leerá más que algún perdido de la vida. Pero como es mi canal, dejo abierta esa rendija a quien se asome aunque sea por error.

3 años hace ya del momento más difícil que jamás pasé en mi vida. Cambio radical que me cambió para siempre. Desde entonces no soy el mismo, puede parecer que sí, pero no.

No, no tuve problemas de salud ni se me murió nadie. Simplemente el que mató fui yo y aunque no pulsé ningún gatillo ni le retorcí el pescuezo a nadie asesiné algo demasiado bonito que se había gestado durante 11 estupendos años. Los mejores de mi vida, sin duda.

Morir matando. Matar y suicidarme emocionalmente a la vez. Lo del suicidio lo llevo mejor. Al fin y al cabo lo que uno haga consigo mismo es su propia jurisdicción y uno se suicida como quiere. Lo malo es cuando a tu lado dejas víctimas inocentes. Eso no se levanta en 3 años y sospecho que tampoco en 33 y uno se lleva eso en las espaldas y en la garganta porque sino este nudo que tengo ahora no me lo puedo explicar... Todo no se puede tragar, se queda ahí recordándote qué haces y quién eres. Es bueno no olvidar.

Y aunque quisiera olvidar, en realidad no quiero que pase. Si olvidas no te acuerdas y si no te acuerdas vuelves a una especie de tabula rasa y no. Tabula rasa ni por asomo. Porque un dinamitero no tiene que olvidar que buscó el explosivo, lo colocó (mal) y no tuvo el valor de pulsar el botón, se lo tuvo que pulsa la víctima por él.

Podría parecer cobardía, pero no lo parece. Fue, es y será cobardía. Y uno tiene que cargar con eso con ser un dinamitero cobarde y en ello estoy aunque hayan pasado tres años. Tres años.

Hice una apuesta y el que no apuesta no pierde y, en el balance, gané y perdí. No sé cuánto de cada, el caso es que mi vida se transformó y aún ando en proceso de ensamblaje.

Lo realmente curioso es que de esa explosión no controlada ha surgido vida que de otro modo no habría surgido. Es la gran paradoja de todo esto. De los pedazos de algo y del dolor surge algo bonito que aún no conozco en persona porque estoy lejos.

Claro es que en eso también soy experto, en huir. Explosioné un proyecto de vida y me marché a Boston como el terrorista que tiene perfectamente pensado el plan de actuación y escape pero sin tenerlo tan preparado saliendo a la carrera del lugar del crimen y dejando un montón de evidencias en la huída.

Tres años huyendo. Tres países. Cuatro domicilios. Tres años a caballo entre dos ciudades. Pero por mucho que uno huya hay cosas que se vienen con uno.

Afortunadamente, parte del desastre está reconstruido y aunque aún me cuesta mirar a los ojos a esa persona, porque la culpa es buena tenerla presente sin que te arda demasiado, pero presente, logramos volver a reírnos porque llorar ya se lloró demasiado.

3 años han pasado pero lo recuerdo como si fuese hoy porque no lo quiero olvidar porque si olvidas no te acuerdas y podemos volver a pulsar el botón de implosión vital como si fuese la primera vez y yo, con un suicidio, ya tengo bastante.


Y como tengo mucho de cobarde que huye se me da mejor las gracias que dar otras cosas, por ejemplo explicaciones. Gracias para siempre.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Equilibrio, poder y querer y tal y cual

Silenciosa, así es la mayoría de las muy pocas personas que leen este blog mío que está escrito a caballo entre las tripas, la contención y mis pajas mentales. Lo que comenzó siendo un ejercicio de pura vagancia y comodidad resulta que gusta... La gente rara sois realmente rara.

Y lo sé porque me lo dicen y me preguntan por nuevas entregas y, joder, si algo no soy yo es metódico y disciplinado. Escribo cuando me sale y como me sale y hay muchas veces que no sale porque no hay y donde no hay, no sale.

Porque igual alguien se piensa que yo soy muy de contar pero, que va, tiendo al hermetismo personal hasta que luego tiendo a lo contrario cuando quiero. Pero resulta que muchas personas que aprecio y me aprecian (creo, eso nunca se sabe del todo) me decían cuando me iba a venir por aquí eso de: "ya me irás contando" y yo me veía en una espiral de ir contando cuando yo no soy muy de contar y menos aún así en entregas personalizadas.

De hecho, ya no voy a publicar más en el facebook que hay nuevas entregas porque ya se me sale de lo íntimo a lo semimasivo. Y aunque me gusta el mogollón, no me gusta en las cosas mías y personales.

Así que pensé que este medio podría ser el mejor para poner mis tontunas y, mire usted, el que quiera que lea y el que no pues se libra de sufrir porque es que no soy muy de contar porque para contar tiene que salir y hay veces que no sale porque lo que uno contaría no se debe contar o no le interesa a todo el mundo. En realidad no lo pensé yo, mis compañeros del programa de Radio "Subidos a la nube" como que me obligaron y a mi si me obligan soy muy de obedecer aunque no sea muy de contar.

Tampoco ha pasado nada especial, más bien estoy teniendo un giro (uno más) en la forma de percibir esto y aquello. Ahora he entrado en fase de post, estoy pensando, mirando, dando vueltas, revueltas a qué hacer, dónde ir y porqué cuando termine aquí. Que me queda medio año pero uno, aunque no sea muy de contar, sí que es prudente en según qué circunstancias y comienza a intentar manejar lo poquito que uno puede manejar de su propio destino. Porque aunque nos digan que uno maneja su destino eso es mentira y querer no es poder, querer es querer y poder es poder y si no serían sinónimos y no los son.

Y yo hago lo que puedo o lo que me dejan y no lo que quiero.

Y como no soy de contar no pienso contar el abanico de cosas que ando tocando y mirando porque alguien podría pensar que estoy perdido en la vida (cuña de ironía patrocinada) pero, quien me conoce sabe que me paso parte de mi vida maquinando situaciones y escenarios porque si me paro me mareo. Siempre en movimiento, sino pierdo el equilibrio y ya lo perdí casi hace tres años y tropecé y volví a tropezar y me volvía a caer hasta que me puse en movimiento de nuevo.

Porque, sinceramente, tras estos seis meses que me quedan, que van a ser los mejores de mi vida, no sé si me quedaré aquí, volveré a mi casa para volver a volverme o para no volver y devolverme a otro lugar. Total, mi vida ahora está empaquetada en un par de mochilas y el trastero de mi mejor amigo y eso me permite ser flexible y ver cómo se desarrollan los acontecimientos vitales y decidir. Porque uno no puede planear tanto como nos dijeron que podíamos porque las cosas cambian y pasan fuera del control de uno mucho más de lo que creemos.

Y, como casi siempre, se trata de cruce de caminos. Sin saber muy bien como, te vas encontrando con personas y esas personas son las que hacen que un lugar o una situación se convierta en interesante y, esto señores y señoras, se está poniendo interesante. Me gusta Colombia y habrá que hacer por ver cómo puedo retornar cuando toque marchar porque ese momento llegará porque uno hace lo que puede, no lo que quiere.

Además, si no fuese por la familia y los amigos percibo que poco tengo allá cuando comienzo a tener cosas acá y cosas son situaciones y personas de interés que desplazan a las situaciones y personas de interés que tenía antes allá porque cosas de tener, pocas tengo. Que no sustituyen pero si reemplazan en el día a día y el día a día es lo que sirve porque uno no puede controlar tanto la vida como le dicen porque yo hago lo que puedo, no lo que quiero.

Y, de paso, como no me puedo parar quieto ya me he sacado un par de cursos on line, colaboro en la distancia con otra ONG inglesa, soy la única persona que juega a basket en esta ciudad, estoy aprendiendo a bailar salsa (fin de las risas, por favor), los viajes de 12 en horas en bus no me afectan, preparo mochilas en tres minutos y las deshago en dos, me muero de ganas porque llegue diciembre y marcharme a Boston, planeo carnavales en Recife (Brasil) porque creo que se me cae Cádiz este año, la semana que viene llegan tres compañeros más y aquí seguiremos.


Y luego ver venir porque si me paro me mareo y me caigo y no me voy a caer porque luego me cuesta recoger los pedacitos que se quedan por el suelo.

Mientras escribo escucho: Power. Kayne West

sábado, 11 de octubre de 2014

Seis meses, seis.

Así, sin darme cuenta seis son los meses que llevo por Colombia. Como toda cifra está cargada de relatividad y relativismo que son cosas diferentes aunque pueda parecer que son lo mismo.

Seis meses de tu vida cotidiana son seis meses más, seis meses donde casi todo lo que te rodea lo tienes más o menos controlado son seis meses normales, seis meses donde las necesarias rutinas son la pauta, son seis meses. Sólo seis meses. Y no tienen que ser malos seis meses, posiblemente sean seis meses tan buenos o más que los anteriores aunque hay riesgos de que sean seis buenos meses del montón de los seis meses buenos que tenga uno por ahí.

Sin embargo, cuando decides dejar todo o casi todo y cambiar de país y meterte en una actividad poco habitual tan bonita como intensa pero exigente en lo emocional, seis meses, además de muy poco tiempo, son mucho más que seis meses comparados con los montones de seis meses que ya viví.

Como ya comenté en un post anterior es cuestión de perspectiva y, esta, va cambiando, va rotando, se va acomodando. Dos planos de realidad con los que convivir, allá y acá y comienzas más allá que acá y terminas acá con poca conexión vivencial con allá hasta el punto de que comprobar que el sacrificio de un perro, por causas de riesgo de contagio, sea debate nacional. Desde la perspectiva y el plano de realidad de acá, esa noticia, transita entre lo increíble y lo obsceno, por ejemplo.

Será cuestión de que, como dicen los colombianos, uno ya está amañado por acá y comprende mejor esto y lo vive como "la realidad" y lo de allá son cosas lejanas. Y es que el 90% de los problemas de allá, comparados con los de acá dan vergüencica. Pero todo es cuestión de la perspectiva y del plano de realidad que te toca vivir. No hay cualidad en el fondo de vivir los problemas o las situaciones porque, estas, están totalmente circunscritas al momento de realidad en las que aparecen.

Y entre vueltas a la cabeza, ubicarse en el mundo y darte cuenta de que esto tiene su punto han pasado seis meses, seis.

Con sus apuestas fallidas porque sino apuestas no pierdes. Pero cuando metes el perder en la batidora de lo relativo te das cuenta que hay una ganancia. Nada que ver con el destino ni con el que si es así es porque tenía que ser así sino que el azar y las casualidades son buenas aliadas si quieres y sabes coger su ola.

Porque me quedé sin vacaciones por apostar por una Observación Electoral en Bolivia, que la tenía en la mano pero se esfumó y me quedé sin vacaciones y sin observación electoral porque se la esfumaron por mi cuando ya me habían confirmado que iba pero el quedarme sin ninguna de las dos opciones posibilitó que pudiera ir al sitio más bonito que he visto desde que llegué a Colombia y, además, conociendo a gente estupenda.

¿Destino? Qué va, pura casualidad porque era la opción tres y menos deseada. La carambola tres de tres opciones la tercera opción de los tres tristes tigres.

Y como al final no me voy a Brasil en navidades, me voy a Boston. Cambio calorcito por un taco de nieve y otro de recuerdos y encuentros con buenos amigos que allá dejé. No voy a salir perdiendo, saldré ganando. Pequeñas victorias parciales que vienen del mismo lugar de donde vienen las apuesta perdidas.

Y, mientras tanto, sigo a la espera de una nueva carambola y de una nueva casualidad aunque en realidad no la espero porque la voy a buscar porque si no buscas no encuentras y sino apuestas no pierdes. Y aquí hemos venido sabiendo que los ganadores son otros y, a los demás, no nos queda otra que seguir buscando y perdiendo para poder ganar un poquito alguna vez y buscando y perdiendo uno se hace más fuerte. Somos duros.


Así que me esperan otros seis meses, seis mejores, más bonitos, más intensos porque no puede ser de otra manera. Y cuando pase estos nuevos seis meses ya habré pasado doce aquí, pero eso será otra historia aunque en realidad será parte de la búsqueda de una nueva carambola o casualidad que no sé si me llevará allí, allá o acá, contigo, sin ti o todo lo contrario.

Mientras escribo suena: Not time to play. Guru

domingo, 31 de agosto de 2014

Movimiento

Estoy batiendo records. Mis propios records. Todo son plusmarcas personales en diferentes ámbitos y tiene la pinta de que, a lo largo de este mes, seguiré superándome. Me siento una especie de Sergei Bubka de mis propias cosas. Mi listón es cada vez más alto, pero la realidad hace que lo siga superando.
Desde que llegué a Colombia llevo un registro de las horas que he pasado en transporte del tipo que sea da igual bus, buseta, coche, moto, mula, canoa..., así como de las noches que paso viajando (el viejo truco de viajar de noche y ahorrarte el alojamiento) y, además, las noches que duermo fuera de nuestra casa.

Los resultados parciales, es decir en los primeros cuatro meses, prometen un año en movimiento y fuera de lo que es el concepto de "casa". Y es que aunque siempre me ha gustado ir de aquí para allá soy casero y me gusta pasar días enteros en casa sin grandes cosas de hacer. Tener un refugio un lugar donde en tu guarida eres dueño de tu destino: el sofá.

Mis compas me dicen que estoy colgado pero a la vez les genera mucha curiosidad saber, con datos, lo que ya sabemos. Que esto es un no parar y que nos convertimos en unos seres itinerantes porque cuando paramos y pasamos tres días en la casa nos agobiamos.

De hecho, llevo una semana fuera y todo indica que no volveré hasta el 23 de septiembre y no me importa porque, en el fondo, no tengo casa aquí y percibo que cada minuto que paso involucrado con la realidad de este país es un minuto de oro pero también es un constante ir hacia un objetivo no específico porque si por ahí hay uno que dice que hay que ir partido a partido, aquí hay que ir día a día porque nunca sabes qué puede pasar aquí y, lo que es peor, a quien le puede pasar.

Porque uno ya ha visto aquí muchas cosas. De hecho, llevo dos semanas recorriendo los mismos 170 kilometros (tres horas y media cada trayecto) con el simple objetivo de que determinadas personas puedan ir y venir a dos ciudades para preparar un evento importante y, te reconocen estas personas, que sin nosotros no se atreven a moverse en esa zona porque es una zona "caliente" y están amenazados.

¿Las razones? Las de siempre aquí y en todas las partes del mundo. Los intereses económicos de las grandes corporaciones del cultivo de palma y de Ecopetrol, en este caso. Por eso, es una sensación rara porque simplemente estando e interviniendo cuando toca logras disuadir y espantar el peligro al menos por ese día.

Que sí, que ya sé que siempre cuento lo mismo. Cuando me vaya al Caribe en octubre ya hablaré de cocolocos en la playa y pibones en bikini, pero ahora no toca.

Porque oiremos que hay en marcha un Proceso de Paz, que es cierto, oiremos que el PIB de Colombia crece espectacularmente, que es cierto. Pero hoy, sin ir más lejos, he visto como le enseñaban a un líder campesino como ponerse un chaleco antibalas y cómo, repentinamente, le ha salido un escolta en un costado. Y un líder campesino no se piense, querido lector, que es mucho más que una persona del campo que se organiza para defender sus derechos más básicos.

Es que también hoy (día productivo) he tenido la excitante experiencia de reunirme con el militar de mayor graduación y comandante de la zona en la que estoy y entre sonrisas y pullas nos ha venido a decir que sí salaos, que mola lo de los Derechos Humanos pero que la cosa está caliente y más que se puede poner. Todo un lujazo.

Porque no oímos que desde que comenzó este año más de 30 defensores de Derechos Humanos han sido asesinados en Colombia, tampoco oiremos que todos los días hay combates que no deja de ser un modo curioso de avanzar en un proceso de paz...

Pero como hemos venido a batir records, seguiremos en ello porque cuando, en cuatro meses, llevas más de 280 horas montado en un transporte y has pasado más del 60% de los días durmiendo fuera de tu "casa" significa que no hay listón imbatible.


El próximo post, será de vacaciones y será happy de la vida. I promise.

jueves, 28 de agosto de 2014

On the road

Estoy batiendo records. Mis propios records. Todo son plusmarcas personales en diferentes ámbitos y tiene la pinta de que, a lo largo de este mes, seguiré superándome. Me siento una especie de Sergei Bubka de mis propias cosas. Mi listón es cada vez más alto, pero la realidad hace que lo siga superando.

Esto que hago por aquí es intenso, duro y bonito. A veces aburrido pero en otras ocasiones chorreas adrenalina. Soy una especie de coche de carreras que pasa de 0 a 100 en unos segundos y, claro, eso tiene su desgaste tanto acelerón y frenazo genera fricción y la fricción calor y el calor quema y a mí me ha desgastado la tripa y se ha llevado mi ya escuálido culo. Casi 10 kilos he perdido desde que llegué aquí.

Pura física.

Desde que llegué a Colombia llevo un registro de las horas que he pasado en transporte del tipo que sea da igual bus, buseta, coche, moto, mula, canoa..., así como de las noches que paso viajando (el viejo truco de viajar de noche y ahorrarte el alojamiento) y, además, las noches que duermo fuera de nuestra casa.

Los resultados parciales, es decir en los primeros cuatro meses, prometen un año en movimiento y fuera de lo que es el concepto de "casa". Y es que aunque siempre me ha gustado ir de aquí para allá soy casero y me gusta pasar días enteros en casa sin grandes cosas de hacer. Tener un refugio un lugar donde en tu guarida eres dueño de tu destino: el sofá.

Mis compas me dicen que estoy colgado pero a la vez les genera mucha curiosidad saber, con datos, lo que ya sabemos. Que esto es un no parar y que nos convertimos en unos seres itinerantes porque cuando paramos y pasamos tres días en la casa nos agobiamos.

De hecho, llevo una semana fuera y todo indica que no volveré hasta el 23 de septiembre y no me importa porque, en el fondo, no tengo casa aquí y percibo que cada minuto que paso involucrado con la realidad de este país es un minuto de oro pero también es un constante ir hacia un objetivo no específico porque si por ahí hay uno que dice que hay que ir partido a partido, aquí hay que ir día a día porque nunca sabes qué puede pasar aquí y, lo que es peor, a quien le puede pasar.

Que sí, que ya sé que siempre cuento lo mismo. Cuando me vaya al Caribe en octubre ya hablaré de cocolocos en la playa y pibones en bikini, pero ahora no toca.

Porque oiremos que hay en marcha un Proceso de Paz, que es cierto, oiremos que el PIB de Colombia crece espectacularmente, que es cierto. Pero hoy, sin ir más lejos, he visto como le enseñaban a un líder campesino como ponerse un chaleco antibalas y cómo, repentinamente, le ha salido un escolta en un costado. Y un líder campesino no se piense, querido lector, que es mucho más que una persona del campo que se organiza para defender sus derechos más básicos.

Es que también hoy (día productivo) he tenido la excitante experiencia de reunirme con el militar de mayor graduación y comandante de la zona en la que estoy y entre sonrisas y pullas nos ha venido a decir que sí salaos, que mola lo de los Derechos Humanos pero que la cosa está caliente y más que se puede poner. Todo un lujazo.

Porque no oímos que desde que comenzó este año más de 30 defensores de Derechos Humanos han sido asesinados en Colombia, tampoco oiremos que todos los días hay combates que no deja de ser un modo curioso de avanzar en un proceso de paz...

Pero como hemos venido a batir records, seguiremos en ello porque cuando, en cuatro meses, llevas más de 280 horas montado en un transporte y has pasado más del 60% de los días durmiendo fuera de tu "casa" significa que no hay listón imbatible.


El próximo post, será de vacaciones y será happy de la vida. I promise.

Mientras escribo escucho: On the road again. Willie Nelson pero otros días se me pone alma de We are the road crew. Motorhead

domingo, 27 de julio de 2014

Todo comenzó mal

Cuando a mi compañera le extraviaron la mochila entre cambio de buseta, viaje en moto, buseta de nuevo, taxi pirata y demás. Eso significaba que me tenía que pasar tres semanas sin tienda de campaña y que me iba a tocar dormir al raso. Pero al puro raso, es decir esterilla al suelo y saco de dormir y listo.

Y esa no fue el mejor modo de pasar las tres semanas y pico que pasé en el Refugio Humanitario de la vereda de Mesitas en el Municipio de Hacarí.

Un Refugio Humanitario es una figura reconocida y auspiciada por el Derecho Internacional Humanitario (DIH para los amigos) que son las normas internacionales que rigen los conflictos armados y, en Colombia, hay uno que dura ya más de 50 años. A grosso modo el DIH se conforma en una serie de articulados que pretenden proteger a la población civil de las acciones armadas de las partes en conflicto porque, como en todas las guerras, quien se lleva la peor parte es la gente corriente que tiene la mala suerte de vivir donde se desarrolla la guerra.

Y un Refugio Humanitario se conforma en situaciones insostenibles de violación de Derechos Humanos (DDHH para los conocidos) y eso es lo que estaba pasando en esa zona y, por ello, se conformó ese refugio que no deja de ser un espacio físico delimitado donde ningún actor armado puede entrar ni actuar y lo debe respetar y donde la población civil acude para estar protegida.

La zona en cuestión es uno de los núcleos de la guerra más serios en Colombia, en esa zona confluyen las tres guerrillas y, con ellas, los constante operativos de Policía y Ejército. Además, sucede lo que sucede siempre en una guerra. Si hay una guerra es por intereses y por dinero o posible dinero. A nadie le interesa el campo como tal, por sus vacas y sus palos de yuca. El Catatumbo, en este caso, interesa porque es un yacimiento impresionante de carbón, oro, coltan y otras cosicas apetecibles.

La cosa se puso más bonita cuando el ELN decidió "celebrar" su 50 aniversario con un paro armado que viene a ser que en 72 horas ellos "mandan" no se podía circular por los caminos y el comercio debía estar cerrado. Una buena manera de respetar los DDHH y el Refugio Humanitario.

El caso es que cuando la cosa se pone fea nos llaman a nosotros y ahí que vamos, estamos, sufrimos, convivimos e intentamos comprender a la gente de allá. Duro y bonito a la vez. Porque lo de Colombia no deja de ser una guerra, una guerra que dura ya 50 años.

Una guerra demoledora en cifras donde se estima, según la Unidad de Víctimas, que entre los años 1985 y 2013 más de 6,2 millones de colombianos han sido víctimas del conflicto armado. Casi 5,5 millones de personas desplazadas de sus hogares por la guerra, más de 700.000 homicidios, más de 144.000 personas amenazadas, más de 76.000 personas que han perdido sus bienes o más de 57.000 personas víctimas de combates y atentados. Y estas son cifras registradas y de casos reconocidos; los casos no denunciados o no reconocidos convertirían estas cifras en realmente insoportables.

Y es que Colombia es el país de Latinoamérica que más dinero destina al gasto militar con respecto del producto interno bruto (PIB), y que de 2009 a 2012 ha rondado el 3,5%, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz (SIPRI) de Estocolmo y el Banco Mundial.

Sin embargo, la guerra no es como nos la han contado en las películas. Si esperas encontrarte con don bandos claramente definidos atrincherados luchando en un campo de batalla por avanzar y conquistar puntos estratégicos del enemigo eso no sucede.

Y es que la guerra es diferente. En Colombia, la guerra es asimétrica ya que hay zonas del país donde ni se percibe y en otros donde no la ves pero la percibes constantemente. Hay una grandísima diferencia en las percepciones y las vivencias entre las zonas rurales y las zonas urbanas. Y esta es una de las claves.

Porque Colombia tiene un crecimiento económico envidiable hasta un 4,1% en 2013 y se espera que crezca hasta el 4,5% en 2014, según el Banco Mundial, pero donde la redistribución de la riqueza no fluye ya que un tercio de la población vive por debajo del umbral de la pobreza según datos del propio Gobierno colombiano y no existen las protecciones sociales universales, tal y como las entendemos en Europa.

Según el Cerac y el PNUD se estima que sin guerra los crecimientos anuales rondarían el 8% y se generarían 250.000 nuevos empleos, todo un golpe a la pobreza.

Esta pobreza es especialmente dura en las zonas rurales y es en estos lugares donde surgieron y se refugian las guerrillas y, por eso, la guerra se disputa en estas zonas. En estas zonas rurales, en especial en el Catatumbo, los hostigamientos a la población civil son constantes tanto por parte de la guerrilla como por el ejército generando una constante situación de miedo, inseguridad y de vulneración de los DDHH de estas personas.

Aquí percibes que la guerra está integrada en la vida cotidiana en el día a día. Tan pronto ves al ejército en la plaza del pueblo o constantes idas y venidas de helicópteros, como se escuchan ráfagas y luego te enteras que casi alcanzan a militares y unos niños que andaban por ahí.

Sales a hacer tu trabajo de acompañamiento y no ves a ningún actor armado pero sabes y percibes que te están observando posiblemente ambos bandos. Y al final, como en toda guerra, quien sufre y paga los platos rotos es la población civil que sólo quiere seguir estando orgullosa de vivir en su país y trabajar su tierra.

Así que ni me enteré que pasaron los sanfermines (mejor) aunque sí que voy a echar de menos las fiestas de Estella, ni sé cual es la canción del verano y justo vi la Final del Mundial de incógnito y escondiendo las cervezas que me regalaban porque, de servicio, ni gota de alcohol... se supone.

Y tras haber ordenado unas cosicas de la cabeza y otras del corazón ya han pasado tres meses y en breve toca salir de nuevo pero ya planeo unos 10 días en la costa colombiana con un poco de surf, un algo de submarinismo y bastante cerveza y, lo mejor de todo, unas navidades en Brasil.


Así es la vida del cooperante, amigos.

Mientras escribo escucho The Herbalaiser: "The missing suitcase"